
En este puente había dos días especiales: la noche de Halloween y el día de Todos los Santos.
Este año, la noche de Hallowen la he pasado como cualquier otra noche; y todos los santos, visitando el cementario por la mañana y luego, haciendo cosas de un día normal.
La verdad que Hallowen para mí siempre ha sido esa fiesta yankie de la que tanto nos hablaba nuestras profesoras de inglés de `rimaria al acercarse el puente de estas fechas.
Así era hasta hace cinco años.
Los pueblos de donde perenecen mis padres, están bastante lejos como para ir a amenudo. Asi que, mi abuelo por parte de mi madre, se compró una casita en Burgos. Y como consecuencia, empezamos a ir todos los fines de semana.
La cuadrilla de mi edad con la que empecé a salir, tenía como costumbre celebrar Hallowen. Consistía en comprar calabazas naturales y prepararlas durante el día como las típicas calabazas de Hallowen. Y ya por la noche, nos disfrazábamos y acompañados de las calabazas y unas cestas, ibamos pidiendo chuches por las casas del pueblo. Finalmente, nos reuníamos y cenabamos con lo que habíamos recaudado.
Pasado los años, nos dimos cuenta que ya nos estábamos haciendo mayores para eso, asi que decidimos dejar esa costumbre aparte y probar con cosas nuevas.
Entonces hace dos años, el día de hallowen lo pasamos de una forma especial. Era la temporada que estabamos enganchadísimos a la ouija. Asi que, el día de la noche de los muertos, decidimos hacer una sesión de espiritismo a media noche, que es cuan do se abre las puertas con el más allá.
Lo hicimos en la caseta, que es como nuestra lonja de la cuadrilla del pueblo. Ésta, está situada al lado del cementerio y la iglesia, a las afueras del pueblo, en una finvca del padre de una amiga. Y está hecha por nosotros con vigas de madera y uralitas de chapa.
Tuvimos una sesión de ouija horrible; y además, unos sucesos inexplicables y pocon agradables después de suspender la sesión. La tensión, el miedo, los nervios, la angustia,... se nos juntó todo. Todos nos fuimos a casa con el mismo sentimiento y dándole vueltas al mismo tema.
Es una historia que no voy a desvelar, pero la que ninguno de los allí presentes podrá olvidar.
Desde entonces, no he vuelto a celebrar Hallowen.
Alba Márquez
Este año, la noche de Hallowen la he pasado como cualquier otra noche; y todos los santos, visitando el cementario por la mañana y luego, haciendo cosas de un día normal.
La verdad que Hallowen para mí siempre ha sido esa fiesta yankie de la que tanto nos hablaba nuestras profesoras de inglés de `rimaria al acercarse el puente de estas fechas.
Así era hasta hace cinco años.
Los pueblos de donde perenecen mis padres, están bastante lejos como para ir a amenudo. Asi que, mi abuelo por parte de mi madre, se compró una casita en Burgos. Y como consecuencia, empezamos a ir todos los fines de semana.
La cuadrilla de mi edad con la que empecé a salir, tenía como costumbre celebrar Hallowen. Consistía en comprar calabazas naturales y prepararlas durante el día como las típicas calabazas de Hallowen. Y ya por la noche, nos disfrazábamos y acompañados de las calabazas y unas cestas, ibamos pidiendo chuches por las casas del pueblo. Finalmente, nos reuníamos y cenabamos con lo que habíamos recaudado.
Pasado los años, nos dimos cuenta que ya nos estábamos haciendo mayores para eso, asi que decidimos dejar esa costumbre aparte y probar con cosas nuevas.
Entonces hace dos años, el día de hallowen lo pasamos de una forma especial. Era la temporada que estabamos enganchadísimos a la ouija. Asi que, el día de la noche de los muertos, decidimos hacer una sesión de espiritismo a media noche, que es cuan do se abre las puertas con el más allá.
Lo hicimos en la caseta, que es como nuestra lonja de la cuadrilla del pueblo. Ésta, está situada al lado del cementerio y la iglesia, a las afueras del pueblo, en una finvca del padre de una amiga. Y está hecha por nosotros con vigas de madera y uralitas de chapa.
Tuvimos una sesión de ouija horrible; y además, unos sucesos inexplicables y pocon agradables después de suspender la sesión. La tensión, el miedo, los nervios, la angustia,... se nos juntó todo. Todos nos fuimos a casa con el mismo sentimiento y dándole vueltas al mismo tema.
Es una historia que no voy a desvelar, pero la que ninguno de los allí presentes podrá olvidar.
Desde entonces, no he vuelto a celebrar Hallowen.
Alba Márquez

No hay comentarios:
Publicar un comentario